Historial de jiujitsu brasileño de Nicolás Petersen

Mi historia con el jiu-jitsu brasileño comienza en 2005 en un curso de seguridad donde conocí a André Crispín. André era el encargado de impartirnos las clases de defensa personal y allí tuve mi primer contacto con el BJJ como método de defensa. Unos meses después algunos alumnos de ese curso visitamos su gimnasio en Irún donde pudimos tener la primera aproximación al jiujitsu brasileño como deporte. Lamentablemente esa visita fue esporádica y no fue hasta cinco años después que empecé realmente a entrenar.
Ocurrió que en 2010 Tomás Garvin, hoy presidente de la Asociación Española de JiuJistu y entonces compañero de trabajo, me dijo que había un nuevo gimnasio en San Sebastián que impartía clases de BJJ y que podía ser una buena oportunidad para empezar a entrenar. Me llevó entonces a lo que en su momento era la academia Gracie Barra Donostia, regentada por Gustavo Hernique, un instructor brasileño (al igual que Crispín). En el pasado había oído varias veces la marca «Gracie Barra» y me animé a comenzar la aventura. Allí conocí a varios de sus alumnos, que luego serían también mis instructores (como Eder Paiva, Patrick Almeida o Jaouad Karbal). En tiempo de mi graduación a ciunturón azul Gustavo Henrique anunció que retornaba a Brasil para fundar la academia Donosti de BJJ. Fue una mala noticia que llegó a la vez que el diagnóstico de mis dos enfermedades pulmonares: sarcoidosis y asma. Gracie Barra Donostia quedó entonces en manos de Eder Paiva que meses después también volvió a Maceíó (Brasil) de donde ambos, Gustavo y él, eran originarios. De esa forma la academia pasó a ser controlada por Patrick Almeida con quién me formé hasta cinturón morado, momento en el que Almeida decidió unirse al equipo Gracie Humaitá/Ribeiro JiuJitsu y por diferencias personales con él y con su decisión decidí salir del equipo y unirme a Gracie Barra Irún, manteniéndome así dentro de la franquicia GB.
Las clases en la academia de Irún eran impartidas por Jaouad Karbal, ex alumno de Gustavo Henrique y alumno reciente de Victor Estima, lo que le daba la legitimidad para mantener la franquicia. Mi paso por Gracie Barra Irún fue testimonial porque el sistema de clases estaba muy orientado a la competición y a estimular a los alumnos con mayor rendimiento físico, lo que practicamente imposibilitaba mi desarrollo, dado el avanzado estado de las dos enfermedades que estaba sufriendo, y sufro. Por lo que decidí salir del equipo y quedarme sin entrenar durante un año.
Al finalizar este período sabático el profesor Patrick Almeida, ya fuera de la franquicia Gracie Humaitá/Ribeiro JiuJitsu, me ofreció hacerme cargo de la academia que regentaba en Rentería, por lo que empecé nuevamente a entrenar con él. Pero finalmente decidió unirse con Carlos Dos Santos y armar la academia Gracie Barra Gros, en Donostia/San Sebastián, así que me enfrenté a la decisión de volver a abandonar el BJJ o entrenar nuevamente bajo los criterios de entrenamiento de GB. La opción más correcta pareció la segunda y alli me formé hasta cinturón marrón, momento en que decidí desentenderme definitivamente de la franquicia, con la cual hoy tengo fuertes diferencias de opinión, debido a su forma de organización y su método de impartición de clases.
Arranqué entonces mi camino en solitario abriendo la Academia BlackTatami en Irún y pasé un año enseñando BJJ a principiantes. Pero la notable pérdida de nivel de combate resultante de entrenar sólo con cinturones blancos me generó la necesidad de entrenar con gente más graduada por lo que acabé uniéndome al equipo Cóndor, en Rentería, a manos de Otavio De Paula. De forma opuesta al método GB, el sistema de combate impartido por Otravio De Paula se centraba más en economizar recursos y ahorrar movimientos, por lo que era más aconsejado para personas con poco estado físico o para practicantes con enfermedades pulmonares, como es mi caso. Allí me formé durante un año hasta que decidí abrirme camino nuevamente y unirme al equipo Titanes, dirigido por André Crispín, pero bajo la tutela de Tomás Garvin, volviendo de esa forma al origen de mi camino para cerrar finalmente el círculo.

Hoy, después de haber pasado por incontables academias y profesores, estoy orgulloso de poder enseñar un jiujitsu no piramidal alejado de todo ego y de sentimientos de pertenencia forzados por la repetición incansable de la palabra «familia». Por mi academia pasan alumnos que vienen de otras escuelas o que irán eventualmente a aprender a ellas. Jamás serán coaccionados por ello.

Quién tiene sed de conocimiento está obligado a beber de varias fuentes.