La historia detrás del nombre BlackTatami

Tener una academia de artes marciales propia es un lujo reservado a muy pocos practicantes. Un lujo y también un sueño que empecé a tener cuando me gradué a cinturón morado de jiu-jitsu brasileño, allí por el 2014. Entonces, mi hermano, algunos amigos y yo, alquilamos un frontón bajo tierra, donde apenas corría el aire, y compramos el tatami más barato que se podía comprar. Pronto descubrimos que no fue la mejor idea que pudimos tener: era un tatami negro con planchas de 60 x 60 cmts que se soltaban prácticamente con mirarlas. Allí aprendimos que un tatami serio tiene que tener, como mínimo, 2 o 3 centímetros de grosor. Pero bueno, era nuestro tatami, y eso valía mucho.
Cuando la gente nos preguntaba por qué habíamos alquilado un sitio casi inhóspito, cerrado y húmedo para poner allí un tatami barato en el que apenas podíamos entrenar, respondiamos que preferíamos hacerlo así antes que entrenar en equipos donde el ego y la sectarización incansable de la palabra «familia» eran un habitué diario.
Aquella iniciativa no nos dio el resultado deseado, pero aprendimos mucho. De aquellos tiempos quedan bien patentes los aprendizajes y la filosofía que hoy se sigue manteniendo en la Academia BlackTatami. Eso, claro, y las fotos de lo que fue el primer BlackTatami y su montaje en Trinxerpe. Aquí su testimonio gráfico: